Hidrosadenitis: una afección crónica que requiere mayor visibilidad
La hidrosadenitis supurativa es una patología dermatológica crónica caracterizada por inflamaciones recurrentes en áreas corporales con glándulas sudoríparas apocrinas. Las zonas más afectadas incluyen las axilas, ingles, región perianal y bajo los senos. Esta enfermedad, de evolución prolongada, se manifiesta con la aparición de protuberancias dolorosas que pueden evolucionar hacia abscesos, secreción purulenta y formación de cicatrices permanentes.
Frecuentemente confundida con infecciones cutáneas comunes, esta afección suele presentar un retraso en el diagnóstico. Su impacto no se limita al aspecto físico, ya que genera consecuencias emocionales y sociales considerables. En este artículo el Dr. Corral nos explica en que consiste esta patología y como la depilación con láser es una buena forma de prevención y tratamiento

Posibles desencadenantes y condiciones asociadas
Aunque los mecanismos específicos que originan la hidrosadenitis no están completamente aclarados, se considera que hay una alteración inflamatoria en la raíz del folículo piloso. Esta alteración puede derivar en la oclusión del conducto folicular, desencadenando procesos infecciosos y acumulación de material inflamatorio en el tejido subcutáneo.
La literatura médica identifica varios elementos que incrementan el riesgo de padecer esta condición:
- Predisposición genética: Estudios indican que entre un 30 % y un 40 % de los pacientes con hidrosadenitis tienen antecedentes familiares directos con la enfermedad. Esto sugiere un componente hereditario relevante, posiblemente relacionado con mutaciones genéticas que afectan la respuesta inflamatoria cutánea.
- Sobrepeso: La obesidad contribuye al aumento del calor y la fricción en zonas propensas a los brotes. Además, el exceso de tejido adiposo produce citocinas proinflamatorias que pueden agravar el proceso inmunológico subyacente, favoreciendo la cronificación de la enfermedad.
- Tabaquismo: Fumar cigarrillos está estrechamente asociado con un mayor número de brotes. El tabaco altera el sistema inmunológico, reduce la oxigenación de los tejidos y puede interferir en la cicatrización, haciendo que las lesiones sean más persistentes y difíciles de tratar.
- Desequilibrios hormonales: La enfermedad es más común en mujeres jóvenes, especialmente en aquellas que experimentan fluctuaciones hormonales importantes. Los brotes pueden intensificarse durante la menstruación, el embarazo o el uso de anticonceptivos, lo que sugiere que las hormonas sexuales desempeñan un papel significativo.
Además, existen comorbilidades frecuentes que se manifiestan junto a la hidrosadenitis. Enfermedades inflamatorias como la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn y afecciones metabólicas como la diabetes tipo 2 o el síndrome del ovario poliquístico son condiciones que pueden coexistir y agravar el cuadro clínico.
Manifestaciones clínicas y evolución
Las primeras señales suelen ser pequeñas lesiones subcutáneas que se inflaman y provocan molestia. Con el tiempo, si no se controla, la enfermedad progresa generando trayectos fistulosos y cicatrices que distorsionan el tejido afectado. La evolución puede ser lenta pero progresiva, con consecuencias físicas y psicológicas relevantes.
Los síntomas más representativos incluyen:
- Aparición de masas dolorosas en zonas de pliegue: Estas lesiones suelen iniciar como bultos duros bajo la piel, similares a forúnculos. Aparecen con mayor frecuencia en axilas, ingles y bajo los senos, y pueden aumentar de tamaño rápidamente, provocando dolor al tacto o movimiento.
- Inflamación persistente con secreción: Cuando las lesiones se infectan, pueden supurar pus o sangre. Esta secreción constante no solo es incómoda, sino que también favorece nuevas infecciones secundarias y empeora el estado general de la piel afectada.
- Piel endurecida por cicatrización: Con el paso del tiempo, los brotes repetitivos provocan fibrosis. La piel se vuelve rígida y engrosada, y se forman cordones o nódulos cicatriciales que pueden limitar la movilidad y afectar la estética corporal.
- Malestar al realizar movimientos simples: Las lesiones en áreas de pliegue dificultan tareas cotidianas como caminar, levantar los brazos o sentarse. El dolor puede llegar a ser incapacitante, especialmente durante los brotes activos.
- Fiebre en los casos más agudos: Cuando la infección se extiende o la inflamación es severa, el cuerpo puede responder con fiebre y síntomas generales como fatiga y malestar, lo que obliga en algunos casos a la administración de antibióticos por vía sistémica.
El patrón de recaídas es uno de los mayores desafíos en la hidrosadenitis. Aun tras un tratamiento exitoso, es común que las lesiones reaparezcan en la misma zona u otras nuevas, lo que requiere vigilancia médica continua y un enfoque terapéutico a largo plazo.

Paciente con Hidrosadenitis. Foto 1

Paciente con Hidrosadenitis. Foto 2

Paciente con Hidrosadenitis. Foto 3
Procedimientos para confirmar el diagnóstico
El diagnóstico de la hidrosadenitis supurativa se fundamenta principalmente en la valoración clínica directa. El especialista, habitualmente un dermatólogo con experiencia en enfermedades inflamatorias de la piel, identifica el patrón típico de las lesiones: su localización anatómica, el carácter recidivante y el tipo de afectación del tejido.
El médico recopila el historial completo del paciente, poniendo especial atención a:
- Frecuencia de los brotes y si las lesiones aparecen en las mismas áreas.
- Duración de los síntomas, especialmente si se extienden por más de seis meses.
- Presencia de cicatrices o fístulas, que son indicativos de fases avanzadas.
Aunque no existen análisis específicos que confirmen la enfermedad, pueden utilizarse herramientas complementarias para descartar otras patologías infecciosas o dermatológicas similares, como los forúnculos recurrentes, el acné inverso, o la tuberculosis cutánea.
Entre las pruebas que pueden solicitarse están:
- Cultivos de pus o tejido: permiten identificar infecciones bacterianas secundarias.
- Biopsia cutánea: se realiza ocasionalmente para examinar la estructura del folículo piloso y descartar enfermedades raras.
- Ecografía de partes blandas: útil para visualizar trayectos fistulosos subcutáneos no evidentes a simple vista.
Asimismo, para establecer un tratamiento adecuado, se recurre con frecuencia a una clasificación por estadios, siendo la más utilizada la escala de Hurley:
- Estadio I: nódulos aislados sin trayectos ni cicatrices.
- Estadio II: lesiones repetidas con fístulas y cicatrices leves.
- Estadio III: áreas afectadas extensas con múltiples fístulas interconectadas.
Esta clasificación permite orientar las decisiones terapéuticas y pronosticar la evolución del paciente a largo plazo.
Alternativas de tratamiento disponibles
La hidrosadenitis supurativa no tiene una cura definitiva, pero gracias a los avances médicos existe una amplia gama de tratamientos diseñados para reducir la frecuencia de los brotes, aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen. El tratamiento debe adaptarse a cada paciente en función del estadio clínico, la respuesta previa a otras terapias y la existencia de comorbilidades.
Entre las opciones más utilizadas se encuentran:
- Antibióticos sistémicos o tópicos: se emplean durante las fases activas para combatir la sobreinfección bacteriana. La clindamicina tópica es común en etapas iniciales, mientras que en casos más agresivos se administran combinaciones orales como rifampicina con clindamicina. Aunque no curan la enfermedad, ayudan a contener el brote y evitar complicaciones inmediatas.
- Terapias inmunomoduladoras: en pacientes con hidrosadenitis moderada o severa, se han aprobado tratamientos biológicos como el adalimumab, un inhibidor del factor de necrosis tumoral (anti-TNF). Este tipo de medicamentos modula la respuesta inmunitaria del organismo y puede disminuir significativamente la inflamación y la frecuencia de las lesiones. También se investiga el uso de otros inmunosupresores como infliximab o ustekinumab en casos resistentes.
- Cirugía dermatológica: cuando la afectación es localizada pero profunda, se puede realizar una escisión quirúrgica completa del tejido dañado. Este procedimiento consiste en la eliminación total de la zona afectada, incluyendo piel y tejido subcutáneo, y suele realizarse en fases avanzadas. En algunos casos, se necesita injerto o cierre asistido. Es una de las opciones más eficaces para prevenir recurrencias en el área tratada.
- Tratamientos mínimamente invasivos: entre ellos destacan el drenaje de abscesos en consulta y el uso de láser CO₂, que destruye los folículos pilosos sin necesidad de incisiones quirúrgicas. Estas opciones son recomendables para lesiones aisladas o de menor gravedad, y pueden repetirse según la evolución clínica.
- Abordaje psicológico y apoyo emocional: el impacto psicosocial de la hidrosadenitis es elevado. Muchos pacientes sufren ansiedad, depresión y aislamiento social debido al dolor crónico y la alteración estética de la piel. El acompañamiento psicológico profesional, la participación en grupos de apoyo y el asesoramiento por parte de trabajadores sociales especializados pueden marcar la diferencia en el proceso terapéutico.
Además, se recomienda integrar hábitos saludables en el plan de tratamiento, como mantener un peso adecuado, evitar el tabaco, usar ropa holgada, y cuidar la higiene de las zonas afectadas sin generar fricción. En conjunto, estas medidas complementan la intervención médica y aumentan las posibilidades de controlar la enfermedad de forma eficaz.
La depilación con láser: una herramienta preventiva clave
Dentro de los métodos no farmacológicos para el control de la hidrosadenitis supurativa, la depilación médica con láser ha ganado reconocimiento por su efectividad en la reducción de brotes. Al eliminar los folículos pilosos —donde comienza el proceso inflamatorio—, se previene la obstrucción que da origen a las lesiones características de la enfermedad.
Los equipos más utilizados son los dispositivos de láser de diodo y láser ND-YAG, ya que poseen la capacidad de penetrar profundamente en la piel sin dañar el tejido circundante. Estas tecnologías permiten tratar zonas propensas como axilas, ingles o parte interna de los muslos, con resultados visibles tras varias sesiones.
Este procedimiento ha demostrado disminuir significativamente la aparición de nuevos nódulos y abscesos. Además, su uso preventivo reduce la necesidad de tratamientos más agresivos, como los antibióticos crónicos o intervenciones quirúrgicas, lo cual representa una ventaja tanto para el paciente como para el sistema sanitario.
La depilación con láser es segura, ambulatoria y bien tolerada, siempre que sea realizada por un profesional cualificado. También contribuye a mejorar el aspecto estético de la piel afectada, al reducir las manchas y cicatrices superficiales asociadas a la inflamación persistente. Por todo ello, se considera una estrategia eficaz dentro de los enfoques integrales de control a largo plazo.
Impacto emocional y necesidad de mayor visibilidad
La dimensión emocional de la hidrosadenitis supurativa sigue siendo una de las más subestimadas en el manejo clínico de la enfermedad. El dolor constante, las heridas abiertas y la supuración frecuente generan no solo malestar físico, sino también aislamiento, vergüenza y pérdida de autoestima en quienes la padecen.
Muchos pacientes, especialmente mujeres jóvenes, ocultan su condición durante años por temor al juicio social o a ser malinterpretados por su entorno laboral, familiar o afectivo. Esta invisibilización conduce a un retraso en el diagnóstico y, por tanto, a una peor evolución clínica y más secuelas físicas.
Estudios recientes han demostrado que las personas con hidrosadenitis presentan un riesgo más elevado de sufrir trastornos como la ansiedad generalizada, la depresión y el estrés postraumático. La relación entre la gravedad de los síntomas y el impacto psicológico es directa, lo que hace necesario un enfoque multidisciplinar que incluya atención psicológica especializada.
Afortunadamente, en los últimos años se ha intensificado el trabajo de asociaciones de pacientes, que ofrecen apoyo, visibilidad y recursos útiles. Campañas informativas, presencia en medios de comunicación y formación específica para profesionales sanitarios han permitido romper el silencio en torno a esta enfermedad crónica, favoreciendo un abordaje más empático y eficaz.
Un desafío médico que requiere enfoque integral
La hidrosadenitis supurativa representa uno de los mayores retos dentro de la dermatología inflamatoria. Su carácter recidivante, imprevisible y multifactorial obliga a los profesionales a adoptar una estrategia terapéutica amplia, que combine tratamientos médicos, medidas preventivas, apoyo emocional y educación del paciente.
No se trata únicamente de tratar los síntomas físicos visibles, sino de entender el contexto completo de cada paciente: su estilo de vida, su entorno psicosocial, sus expectativas de tratamiento y sus antecedentes clínicos. La coordinación entre dermatólogos, cirujanos, psicólogos, endocrinólogos y médicos de atención primaria es clave para ofrecer soluciones personalizadas y sostenibles.
El diagnóstico precoz sigue siendo una de las herramientas más potentes para mejorar el pronóstico. Cuanto antes se identifique la enfermedad y se inicie el tratamiento adecuado, menores serán las complicaciones físicas y emocionales a largo plazo. Esto requiere que tanto el personal médico como la población general estén sensibilizados sobre los signos tempranos y la importancia de acudir al especialista.
Finalmente, el avance en la investigación clínica es otro pilar fundamental. Se están desarrollando nuevas moléculas inmunológicas, técnicas quirúrgicas menos invasivas y tecnologías de diagnóstico por imagen que podrían revolucionar el manejo de la hidrosadenitis. La participación activa de los pacientes en estudios clínicos también será decisiva para acelerar el desarrollo de soluciones innovadoras.
Para cualquier consulta sobre la hidrosadenitis y otras patologías cutáneas en Idermic, tu dermatólogo en Terrassa estaremos encantados de atenderte.