¿El deporte rejuvenece o envejece la piel?
Cuando hacemos deporte solemos pensar en sus efectos sobre los músculos, el corazón, el peso corporal o la salud mental, pero pocas veces nos detenemos a observar qué ocurre en la piel. Y la pregunta es especialmente interesante porque el ejercicio puede producir dos imágenes aparentemente contradictorias: por un lado, una piel más luminosa y sonrosada después de entrenar; por otro, deportistas que pasan muchas horas al aire libre y muestran manchas, arrugas o signos de fotoenvejecimiento.
Entonces, ¿el deporte rejuvenece o envejece la piel?
La respuesta más ajustada a la evidencia científica es que la práctica regular de ejercicio parece favorecer distintos procesos relacionados con una piel más saludable y puede contrarrestar algunos cambios vinculados al envejecimiento cutáneo. Sin embargo, eso no significa que cualquier tipo de ejercicio, realizado de cualquier manera y en cualquier entorno, tenga necesariamente un efecto rejuvenecedor.
De hecho, buena parte de los problemas que asociamos con la piel de quienes practican mucho deporte no proceden directamente del ejercicio. La exposición continuada a la radiación ultravioleta, el calor, el roce de la ropa, la humedad mantenida por el sudor o una higiene inadecuada pueden perjudicar la piel y llegar a contrarrestar parte de los beneficios derivados de mantenerse físicamente activo.
Qué le ocurre a la piel cuando hacemos deporte
Desde los primeros minutos de actividad física se producen cambios en todo el organismo. Aumenta el ritmo cardiaco, se modifica el flujo sanguíneo y nuestros tejidos necesitan gestionar una mayor demanda energética. La piel también participa activamente en esta respuesta. Durante el ejercicio aumenta el flujo sanguíneo cutáneo, especialmente cuando el organismo necesita liberar calor. Esa mayor circulación contribuye al característico enrojecimiento que observamos durante una carrera, una clase de ciclismo o una sesión intensa de entrenamiento.
La piel recibe sangre, oxígeno y nutrientes a través de su red vascular, de manera que la mejora de la función circulatoria asociada a la actividad física constituye uno de los mecanismos por los que el ejercicio puede resultar beneficioso para la salud cutánea. Ese efecto inmediato explica también en parte el llamado glow posterior al entrenamiento: la piel puede parecer temporalmente más luminosa, sonrosada y vital. Conviene, sin embargo, no confundir este fenómeno transitorio con un auténtico rejuvenecimiento estructural. Para hablar de envejecimiento o rejuvenecimiento de la piel tenemos que ir más allá de lo que vemos durante las horas posteriores al ejercicio.
¿Puede realmente el ejercicio rejuvenecer la piel?
Aquí encontramos uno de los aspectos más interesantes de las investigaciones publicadas durante los últimos años. Diversos estudios han analizado los efectos del entrenamiento aeróbico y del entrenamiento de resistencia sobre la piel. Algunos de ellos han observado mejoras en parámetros como la elasticidad cutánea y determinadas características de la estructura de la dermis.
En investigaciones realizadas con programas de ejercicio mantenidos durante varias semanas también se ha detectado un aumento del grosor dérmico en determinados grupos sometidos a entrenamiento de fuerza. Es un hallazgo relevante porque el envejecimiento se acompaña, entre otros cambios, de alteraciones de la matriz extracelular y de un progresivo adelgazamiento dérmico. No significa que unos meses levantando pesas hagan desaparecer las arrugas ni que podamos equiparar el entrenamiento a un tratamiento dermatológico, pero sí aporta una explicación biológica a la idea de que mantenerse activo puede contribuir a conservar una piel funcionalmente más joven.
El entrenamiento de fuerza tiene un interés especial
Cuando hablamos de rejuvenecimiento y deporte, durante años gran parte de la atención se centró en el ejercicio aeróbico. Sin embargo, las investigaciones más recientes han introducido un elemento interesante al estudiar específicamente el entrenamiento de resistencia.
Además de mejorar algunos parámetros relacionados con la elasticidad y la estructura de la dermis, el entrenamiento de fuerza podría influir en determinados factores circulantes y en procesos relacionados con la matriz extracelular de la piel.
Entre los mecanismos propuestos aparecen cambios en factores inflamatorios y en la expresión de componentes de la matriz dérmica. Son procesos complejos y todavía se necesita más investigación antes de poder trasladarlos a afirmaciones estéticas categóricas, pero apuntan a algo importante: el músculo y la piel no funcionan como compartimentos totalmente independientes.
El ejercicio desencadena señales sistémicas que pueden alcanzar tejidos alejados del músculo que está trabajando. Por eso, cuando intentamos responder si el deporte rejuvenece la piel, ya no podemos limitarnos a decir que simplemente mejora la circulación. La investigación actual plantea una interacción entre ejercicio, inflamación, metabolismo, moléculas circulantes y matriz extracelular.
El ejercicio aeróbico también muestra efectos positivos
Correr, caminar a buen ritmo, nadar o montar en bicicleta también pueden participar en esta relación entre actividad física y envejecimiento cutáneo. Algunas investigaciones han observado que los adultos físicamente activos presentan diferencias en determinadas estructuras de la piel respecto a personas sedentarias.
También se han descrito cambios en la estructura cutánea después de programas de entrenamiento aeróbico, incluyendo modificaciones relacionadas con el colágeno y la dermis. Estos resultados deben interpretarse con prudencia porque algunos de los estudios cuentan con muestras pequeñas. Aun así, contribuyen a una línea de investigación cada vez más interesada en la relación entre actividad física, función cutánea y envejecimiento.
El ejercicio puede actuar sobre algunos mecanismos del envejecimiento
La piel envejece como consecuencia de una combinación de mecanismos internos y externos. Nuestra genética, la edad, las variaciones hormonales, el metabolismo, la inflamación y el estrés oxidativo interactúan con factores ambientales como la radiación solar, la contaminación o el tabaco.
El ejercicio no puede detener el paso del tiempo. Tampoco puede modificar por completo todos los mecanismos del envejecimiento. Sí puede, en cambio, intervenir en varios procesos fisiológicos que guardan relación con la forma en que envejecen nuestros tejidos. Entre los posibles efectos se encuentran el aumento del flujo sanguíneo, cambios en el metabolismo celular de la piel, una mejor regulación del estrés y determinadas modificaciones de los procesos inflamatorios.
También se investiga la relación entre ejercicio regular, grosor dérmico, síntesis de colágeno y menor señalización inflamatoria. La evidencia resulta prometedora, aunque todavía hacen falta estudios más amplios y de larga duración para conocer con mayor precisión hasta qué punto estas mejoras se traducen en un aspecto visiblemente más joven.
¿Qué ocurre con los radicales libres al hacer ejercicio?
Este es uno de los argumentos que más frecuentemente se utiliza para sostener que el deporte podría envejecer. Durante el ejercicio aumenta la producción de especies reactivas de oxígeno. Si existe un desequilibrio muy marcado entre estas moléculas y los mecanismos antioxidantes del organismo, aparece lo que conocemos como estrés oxidativo.
A primera vista podría parecer contradictorio: si el estrés oxidativo participa en el envejecimiento, y el ejercicio puede aumentar temporalmente la producción de especies reactivas, ¿hacer deporte no debería acelerar precisamente ese envejecimiento?
La fisiología es bastante más compleja. Las especies reactivas producidas durante el ejercicio no son solamente residuos perjudiciales. También actúan como señales que participan en las adaptaciones del organismo al entrenamiento.
Cuando el estímulo es apropiado, nuestro cuerpo responde reforzando sus mecanismos de adaptación y defensa. El ejercicio moderado y regular puede contribuir precisamente a mejorar las defensas antioxidantes. En cambio, una actividad física excesiva, especialmente cuando se combina con descanso insuficiente y una recuperación deficiente, puede elevar el estrés oxidativo.
Por eso no resulta correcto afirmar de manera genérica que los radicales libres producidos durante el entrenamiento hacen que el deporte envejezca la piel. La dosis, la intensidad, el estado de entrenamiento, la recuperación y el contexto importan.
El gran enemigo de la piel del deportista no siempre es el deporte: es el sol
Si tuviéramos que identificar uno de los factores capaces de transformar una práctica saludable en un problema para la piel, la radiación ultravioleta ocuparía una posición principal. Una persona puede correr, pedalear, jugar al tenis o entrenar durante horas al aire libre y obtener prácticamente todos los beneficios cardiovasculares, metabólicos y musculares del ejercicio.
Sin embargo, si acumula exposición solar durante años sin una fotoprotección adecuada, su piel puede desarrollar signos de envejecimiento prematuro. Los rayos UVA pueden penetrar profundamente en la piel y alcanzar la dermis, donde afectan al tejido conjuntivo y a determinadas estructuras cutáneas.
Con el tiempo, esta exposición puede contribuir a una pérdida progresiva de elasticidad, aparición de arrugas, manchas, flacidez y otros signos de fotoenvejecimiento. La radiación ultravioleta también incrementa el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer de piel.
Por qué algunos deportistas pueden parecer más envejecidos
Esta circunstancia ayuda a explicar una aparente paradoja. Podemos encontrarnos con personas extraordinariamente en forma cuyo rostro presenta bastantes manchas, líneas o signos de daño solar. No necesariamente ha sido el deporte el que ha envejecido su piel.
Si esa persona lleva veinte años corriendo, haciendo ciclismo, montañismo, vela o cualquier otra actividad con muchas horas de exposición solar acumulada, el factor decisivo puede ser precisamente la radiación ultravioleta. Por ello, no deberíamos plantear el dilema como “deporte sí o deporte no”, sino como deporte con o sin una protección adecuada de la piel.
¿Correr envejece la cara y provoca flacidez?
Existe desde hace años la idea de que el impacto repetido del running puede favorecer el descolgamiento facial. Incluso se utiliza ocasionalmente la expresión inglesa runner’s face para describir un rostro delgado y envejecido atribuido a correr durante muchos años.
Debemos ser prudentes con esta afirmación. Es cierto que una pérdida importante de grasa corporal puede modificar los volúmenes del rostro y hacer más visibles determinadas estructuras faciales. También es evidente que un corredor que entrena muchas horas al exterior puede acumular una exposición considerable a radiación ultravioleta.
Pero de ahí no podemos concluir automáticamente que el movimiento repetido de correr sea responsable de un envejecimiento significativo de la piel. La evidencia disponible sobre ejercicio y envejecimiento cutáneo apunta, en términos generales, en la dirección contraria: una actividad física regular puede mejorar varios parámetros de la función y estructura de la piel. El fotoenvejecimiento, la pérdida de volumen facial asociada a cambios corporales importantes y otros factores individuales constituyen explicaciones más plausibles para muchos casos atribuidos popularmente al running.
Sudar no rejuvenece la piel ni elimina las toxinas
El sudor es otra de las cuestiones que suelen generar confusión. Cuando entrenamos y aumenta la temperatura corporal, las glándulas sudoríparas producen sudor para favorecer la pérdida de calor. Es, ante todo, un mecanismo de termorregulación. Después de una sesión intensa puede parecernos que la piel está especialmente limpia, luminosa o descongestionada. Sin embargo, no deberíamos interpretar el sudor como un sistema de “detoxificación” de la piel ni considerar que cuanto más sudemos, más rejuveneceremos.
La eliminación de sustancias de desecho del organismo depende fundamentalmente de órganos como los riñones y el hígado. Además, el sudor puede tener una cara menos agradable para determinadas pieles. Si permanece durante mucho tiempo mezclado con sebo, cosméticos, suciedad y bacterias, puede favorecer irritaciones y brotes en personas predispuestas.
La combinación de sudor, grasa, suciedad y bacterias durante el entrenamiento puede contribuir a la aparición de acné, especialmente cuando no se mantienen unas medidas de higiene adecuadas.
El roce de la ropa y el material deportivo también afecta a la piel
La piel de un deportista no solamente está expuesta al sudor. También entra continuaente en contacto con mallas, camisetas técnicas, sujetadores deportivos, zapatillas, cascos, cintas, mochilas, protecciones y otros materiales. Cuando se combinan presión, humedad, calor y movimiento repetido pueden aparecer rozaduras e irritaciones.
Existe incluso una forma de acné asociada a la fricción y a la oclusión denominada acné mecánico. Puede desarrollarse en las zonas donde la equipación deportiva mantiene calor y sudor contra la piel mientras ejerce presión o rozamiento.
Por tanto, una persona puede beneficiarse globalmente del ejercicio y, simultáneamente, experimentar problemas dermatológicos relacionados con la manera en que practica ese deporte. Una cosa no contradice necesariamente la otra.
Entrenar demasiado tampoco significa rejuvenecer más
Otra idea importante es que los beneficios del deporte no crecen indefinidamente a medida que aumentamos la intensidad. Una sesión exigente produce un estrés fisiológico que el organismo necesita reparar. Precisamente de esa recuperación surgen muchas de las adaptaciones positivas del entrenamiento.
Sin embargo, una carga muy elevada, sostenida sin recuperación suficiente, puede incrementar inflamación, fatiga y estrés oxidativo. La actividad física moderada y regular favorece adaptaciones antioxidantes y metabólicas, mientras que un ejercicio excesivo puede elevar el daño oxidativo cuando sobrepasa la capacidad de recuperación del organismo. Por eso, cuando hablamos de ejercicio antienvejecimiento, la regularidad tiene más sentido que la búsqueda permanente del agotamiento.
Deporte, estrés y sueño: efectos indirectos que también pueden reflejarse en la piel
No todo el vínculo entre ejercicio y rejuvenecimiento cutáneo ocurre directamente dentro de la dermis. La piel forma parte de un organismo completo. Nuestra calidad del sueño, el estrés psicológico, los niveles de actividad, la alimentación, el tabaquismo y otros hábitos influyen de una forma u otra en los procesos asociados al envejecimiento.
La actividad física regular puede contribuir a mejorar el bienestar psicológico y la calidad del sueño en muchas personas. Estos efectos indirectos también son relevantes porque el estrés crónico y el descanso insuficiente se han relacionado con alteraciones de la función de barrera de la piel y con mecanismos vinculados al envejecimiento cutáneo.
Las investigaciones actuales sobre longevidad de la piel tienden precisamente a abandonar la idea de que el envejecimiento pueda explicarse únicamente por lo que aplicamos sobre el rostro. La salud cutánea también refleja procesos sistémicos.
Cómo proteger la piel cuando hacemos deporte
Si el objetivo es obtener los beneficios de la actividad física sin añadir factores que aceleren el envejecimiento cutáneo, la fotoprotección ocupa un lugar esencial.
Antes de entrenar al aire libre
Cuando el entrenamiento se realiza durante el día, conviene reducir la exposición directa al sol siempre que sea posible mediante horarios apropiados, sombra, ropa protectora, gorra o visera y gafas de sol. En las zonas descubiertas resulta recomendable utilizar un fotoprotector de amplio espectro, resistente al agua y con un factor de protección elevado.
Elegir productos no comedogénicos puede resultar especialmente útil en las personas propensas al acné. La protección solar adquiere todavía más importancia en actividades prolongadas como ciclismo, senderismo, carrera de larga distancia, esquí, vela o deportes acuáticos, donde podemos pasar muchas horas expuestos.
Durante el entrenamiento
La combinación de calor y sudor hace que muchas personas se froten continuamente el rostro con las manos o con una toalla. Para las pieles sensibles o con tendencia acneica es preferible retirar el sudor mediante pequeños toques con una toalla limpia en lugar de arrastrarla repetidamente sobre la piel.
Si el entrenamiento es largo y se realiza al exterior, también debemos tener en cuenta que la fotoprotección puede necesitar reaplicación. La resistencia al agua no significa que el protector solar permanezca intacto indefinidamente frente al sudor, el agua o el roce.
Después de hacer ejercicio
Una ducha después de entrenar permite retirar sudor, sebo, microorganismos y residuos acumulados. No hace falta convertirla en una limpieza agresiva. Una higiene excesiva con agua muy caliente, exfoliantes fuertes o detergentes irritantes puede alterar la barrera cutánea, especialmente si se repite después de cada sesión deportiva.
En una piel sana suele tener más sentido una limpieza suave y, cuando sea necesario, una hidratación posterior adecuada que intentar desengrasar completamente la superficie.
¿Qué deporte es mejor para rejuvenecer la piel?
Con la evidencia disponible no podemos señalar un único deporte como el ganador absoluto. El ejercicio aeróbico cuenta con datos que sugieren efectos positivos sobre determinados parámetros de estructura y función cutáneas. El entrenamiento de resistencia, por su parte, también ha mostrado mejoras en elasticidad, estructura de la dermis y grosor dérmico en determinados estudios.
Por ello, una rutina que combine actividad cardiovascular y ejercicios de fuerza parece una opción razonable desde una perspectiva de salud global. La elección concreta debería depender más de la edad, condición física, antecedentes médicos, preferencias y capacidad de mantener la práctica a largo plazo que de intentar encontrar un supuesto ejercicio facial rejuvenecedor.
Además, el entorno puede ser tan importante como la modalidad. Una actividad físicamente excelente realizada durante años bajo una intensa radiación solar y sin protección puede tener consecuencias cutáneas muy diferentes de la misma actividad realizada con una estrategia adecuada de fotoprotección.
¿El deporte aumenta el colágeno de la piel?
Esta es una de las preguntas más interesantes porque el deterioro de la matriz extracelular y las modificaciones en el colágeno están estrechamente relacionados con el envejecimiento dérmico. Algunas investigaciones han observado cambios compatibles con una mejora de componentes estructurales de la piel después de programas de ejercicio.
También se han estudiado modificaciones en la expresión de genes relacionados con la matriz extracelular, incluyendo genes vinculados con distintos tipos de colágeno, ácido hialurónico y proteoglicanos. Se trata de resultados prometedores, pero debemos evitar traducirlos directamente como “hacer deporte genera colágeno y elimina arrugas”.
Las investigaciones miden procesos biológicos específicos y todavía necesitamos estudios más amplios para saber hasta qué punto estos cambios se traducen en diferencias visibles y duraderas en distintos grupos de población.
Entonces, ¿hacer ejercicio hace que parezcamos más jóvenes?
Puede contribuir, pero conviene entender qué significa realmente “rejuvenecer”. El ejercicio no devuelve literalmente la piel a una edad anterior. Lo que las investigaciones indican es que una actividad física regular puede favorecer diversos procesos relacionados con una mejor función cutánea y contrarrestar parcialmente algunas alteraciones asociadas al envejecimiento.
En determinados estudios se han observado mejoras de elasticidad, estructura dérmica y grosor de la dermis. También existen mecanismos plausibles relacionados con la circulación, la inflamación, el metabolismo celular y la adaptación antioxidante.
Pero la apariencia del rostro depende de muchos otros factores: genética, exposición solar acumulada, cambios hormonales, alimentación, sueño, tabaco, contaminación, pérdida de tejido adiposo, cuidado cosmético y enfermedades dermatológicas, entre otros. Reducir todo ello a “hacer deporte rejuvenece” sería una simplificación.
El verdadero equilibrio entre deporte, rejuvenecimiento y envejecimiento de la piel
Si reunimos la evidencia disponible, la aparente contradicción se resuelve bastante bien. El deporte puede ser un aliado del envejecimiento saludable de la piel. La práctica regular de actividad física parece mejorar diferentes parámetros cutáneos y puede actuar sobre procesos circulatorios, metabólicos, inflamatorios y estructurales relacionados con el envejecimiento.
Al mismo tiempo, hacer ejercicio no nos protege automáticamente de todos los factores externos que deterioran la piel. Un corredor que entrena durante años bajo el sol sin protección puede acumular fotoenvejecimiento. Una persona que permanece con ropa húmeda después de entrenar puede desarrollar irritaciones. Un deportista que utiliza equipamiento muy oclusivo puede sufrir acné mecánico. Y alguien que somete continuamente a su organismo a cargas extremas sin suficiente recuperación no necesariamente obtendrá mayores beneficios por entrenar más.
La clave está, por tanto, en separar los efectos del ejercicio de las condiciones en las que hacemos ejercicio.
La investigación disponible apunta a que mantenernos activos es compatible con una piel más saludable e incluso con mejoras de algunos parámetros vinculados al envejecimiento cutáneo. Pero el efecto depende también de cómo nos protejamos del sol, cómo cuidemos la barrera cutánea, cómo gestionemos el sudor y la fricción y cómo equilibremos entrenamiento y recuperación.
Por eso, cuando nos preguntamos si el deporte rejuvenece o envejece la piel, la respuesta no tiene por qué ser contradictoria: el ejercicio regular puede ayudar a conservar una piel funcionalmente más joven, mientras que determinados factores asociados a la práctica deportiva, especialmente la radiación ultravioleta acumulada, pueden acelerar su envejecimiento si no tomamos las precauciones adecuadas.
No necesitamos elegir entre cuidar nuestra piel y hacer deporte. Precisamente la combinación de ejercicio regular, entrenamiento de fuerza, actividad cardiovascular, buena recuperación, higiene razonable y una fotoprotección rigurosa es la que permite aprovechar los beneficios del movimiento sin convertir el entorno deportivo en un factor adicional de envejecimiento cutáneo.
Para cualquier consulta sobre cuidados sobre tu piel, en Idermic, tu dermatólogo en Terrassa estaremos encantados de atenderte.

